Siempre se puede empezar de cero
El 2019 lo tengo guardado como el mejor atardecer o el mejor paisaje que hayan visto mis ojos. Fue un año donde todo parecía fluir con ligereza —personal, laboral, familiar, económico, social— una especie de punto de equilibrio. En pocas palabras: estaba en mi prime (aunque ahora suene gracioso decirlo así).







