Lecciones en el parque

14.07.2024
Era un día cualquiera, justo antes del mediodía. Iba de camino al play que a mi sobrino le encanta ir. Por circunstancias de la vida, decidí caminar un poco más y llevar a mi sobrino a otro parquecito cercano. Normalmente, mi sobrino se duerme en el camino, pero esta vez no fue así. El día estaba bonito y no llovía, así que seguimos caminando.

Llegamos al segundo parque y, para mi sorpresa, encontré a un joven llorando desconsoladamente. Me asusté y me preocupé al mismo tiempo, sin saber qué hacer. Al acercarme (mi sobrino ya se había dormido), le pregunté: ¿Cómo puedo ayudarle? ¿Necesita que llame a alguien? Entre lágrimas, me dijo que no, que estaba bien. Pensé que no quería hablar, pero insistí: ¿Seguro? Puedo ayudarle. Me respondió que no, que gracias.

Di unos pasos para alejarme, pero mi mente estaba en un intenso debate: ¿debería irme y dejarlo solo, o quedarme y ofrecerle apoyo? Su llanto era tan evidente que no podía ignorarlo. Decidí regresar y lo primero que dije fue: Perdón, no puedo irme y dejarlo así. Es obvio que no está bien.

Volteó a verme y me dijo que su situación era complicada, que estaba cansado y que se había rendido. Le respondí: No tiene que contarme lo que le pasa, pero espero que no esté pensando en hacer algo que lastime a quienes le rodean. Esa no es la solución. Su rotundo "NO" me alivió un poco, pero seguía confundida.

Hablé mucho, no sé de dónde salieron mis palabras siendo sincera. Él lloraba desconsoladamente, su alma estaba destrozada. Tenía mi edad, y pensé en mis propias experiencias y en las de las personas cercanas a mí. Aunque todos pasamos por cosas diferentes, sentí una profunda empatía.

Poco a poco, comenzó a hablarme más, no solo en monosílabos. Le hice ver que no estaba solo en su dolor. A veces sentimos una presión inexplicable evitando esas emociones que nos sacan de nuestra zona de confort, pero que nos hace humanos. Validar las emociones es fundamental, aceptarlas es parte de la vida. Estar tristes nos pone en un lugar de reflexión, nos aquieta de la vida tan acelerada que llevamos, aunque claro que es importante diferenciar la tristeza y depresión; pero, en momentos de tristeza profunda, nuestra mente se nubla y nos sentimos los más solos e incomprendidos.

No voy a contar lo que le pasaba, es un tema privado, pero pude ver las muchas problemáticas que enfrentamos en la sociedad, especialmente en temas de salud mental. Le recomendé una de las herramientas más efectivas que he encontrado: el psicólogo. Tristemente, no lo vi convencido.

Le pregunté que si alguien sabía que estaba así y me dijo que no, que él siempre calla sus problemas o situaciones por no querer incomodar a nadie. ¿A alguien le resuena? Yo respeto mucho las formas de pensar, pero esta en especial me genera mucha tristeza porque primero que todo en algún momento su cuerpo lo manifiesta hasta en niveles altos de estrés, enfermedades y también porque no tiene un apoyo, eso aún más solo lo hace sentir. También hablamos de que cómo hombre sentía que debía mostarse fuerte y bien y que siempre le ha costado expresarse. A ver... mucha presión social al género masculino en cuanto estos temas.

Personalmente, siempre he necesitado vocalizar mis pensamientos y emociones, aunque no siempre tenga las palabras exactas. Me ayuda a comprender y liberarme de esas cadenas que me hacen sentir prisionera. Contarle eso a alguien especialmente a mi psicologo me aclara, también a mis amigas, mi familia o mi novio me hacen tomar otra perspectiva muchas veces. 

Esta vez, el chico del parque estaba expuesto a que lo vieran llorar, y quizás varias personas se le habían acercado ofreciendo ayuda. Pero, ¿cuántas veces lloramos en silencio, en la soledad de nuestras habitaciones, sintiéndonos atrapados en nuestras propias batallas internas? ¡Uy, qué difícil! ¿Cuántos de nosotros no hemos pasado por eso en algún momento de nuestras vidas, ya sea en la infancia, adolescencia, adultez o vejez?

Ahora que escribo esto después de ver la película "Intensamente 2" no podía dejar de relacionarlo porque no solo explora nuestras emociones, sino también nuestras creencias y el diálogo interno que mantenemos. Este diálogo interno puede influir poderosamente en cómo nos sentimos y cómo enfrentamos nuestras dificultades, que también pueden convertirse en barreras que nos impiden buscar ayuda y sanar; al permitirnos ser vulnerables abrimos la puerta a la empatía y el apoyo.

Recuerda, nuestras emociones y creencias son válidas y necesarias. Si estás pasando por un momento difícil, no dudes en buscar ayuda profesional o hablar con alguien de confianza. Al igual que en "Intensamente 2", desafiar y reformular nuestras creencias puede ser el primer paso hacia la sanación, conexión humana y el bienestar. Reconocer y abrazar nuestra tristeza para poder sanar y seguir adelante. La salud mental es una parte integral de nuestro bienestar, y al hablar abiertamente sobre nuestras luchas, ayudamos a desestigmatizar estos problemas y animamos a otros a buscar ayuda.

Antes de finalizar, gracias al chico del parque porque hablar sobre las luchas no es un signo de debilidad, sino de una inmensa fortaleza. La capacidad de expresar los sentimientos en ese momento difícil muestra una gran resiliencia. Me siento muy honrada de que, después de tantas lágrimas, logramos también sacar risas. Me diste una gran lección de vida, definitivamente tenía que llegar a ese play.

Gracias a los que leyeron,

Abrazo.










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