Siempre se puede empezar de cero

16.10.2025

El 2019 lo tengo guardado como el mejor atardecer o el mejor paisaje que hayan visto mis ojos. Fue un año donde todo parecía fluir con ligereza —personal, laboral, familiar, económico, social— una especie de punto de equilibrio. En pocas palabras: estaba en mi prime (aunque ahora suene gracioso decirlo así).

No es que los años siguientes hayan sido ingratos; cada uno trajo sus propias bendiciones, aunque también una carga más densa que me enseñó a caminar más lento, estuve esperando por segunda vez ese 2019 que nunca llegó y fue precisamente donde me percaté que ya nada sería como antes y eso está bien, sin embargo, a veces extrañaba esa versión y lo comparto porque este 2025 me ha sorprendido con cosas que nunca imaginé, tal vez sí, las lentejas de Año Nuevo tuvieron su poder (jajaja), pero más allá de eso, tengo claro que ha sido la fidelidad de Dios la que ha sostenido cada paso.

Hace tanto que había imaginado este momento: cerrar el plan de estudios de mi licenciatura en Trabajo Social. Hoy, aunque sigo en el último tramo del TFG, puedo decir que llegué, que no solté y eso me llena de orgullo. Este también fue un año de aprendizajes profesionales —aunque breves, profundos—, de entender que todo tiene su tiempo, incluso las oportunidades.

Y sobre todo, fue el año en que reafirmé mi deseo de construir un amor con propósito. Desde entender que amar es también un acto de responsabilidad, de presencia y de elección diaria. Elegí levantar cimientos para una vida compartida, entendiendo que no se trata de buscar un cuento de hadas, sino de escribir nuestra propia historia con paciencia, respeto y fe. Que amar también es aprender a ceder, a confiar, a soltar el orgullo y a apostar por lo que vale la pena.

Este año me recordó que el amor verdadero no llega para salvarte, sino para acompañarte mientras te encontrás a vos misma. Y en ese acompañar, descubrí que el "nosotros" no es una pérdida de identidad, sino una extensión hermosa del propio camino.

También marqué otra meta cumplida: volar. Desde hace años tenía esa ilusión anotada entre sueños y muchos calendarios, y este año subí dos veces a un avión. Tal vez para algunos sea algo pequeño, pero para mí fue un regalo inmenso, una señal de que las promesas se cumplen cuando el corazón no deja de creer.

Cada etapa trae su propio reto, y este año me ha invitado a caminar con más atención hacia lo que realmente quiero construir. Me ha recordado que siempre hay espacio para crecer, para replantear caminos y para elegir con intención hacia dónde dirigir mi energía y mis sueños.

Viajar me abrió la mente, me recordó que hay más caminos de los que uno imagina, y que empezar de cero no es un fracaso, sino una forma valiente de volver a creer. Esa frase —"siempre se puede empezar de cero"— se ha convertido en mi estandarte, porque con el tiempo entendí que los comienzos son oportunidades.

Dios no reparte oportunidades al azar; las acomoda en los momentos precisos, aunque a veces no lo entendamos. Y hoy, al mirar atrás, puedo ver cuánto he crecido, cuánto hemos logrado a través del arte de la fotografía. No ha sido solo mi esfuerzo, sino el resultado de un camino compartido, de un trabajo en pareja que ha transformado sueños en realidades tangibles.

Tengo la convicción de que los años que vienen estarán llenos de bendición, amor y prosperidad. No lo digo desde la expectativa, sino desde la fe. Porque sé que todo lo vivido —lo bueno, lo difícil, lo inesperado— estaba preparando el terreno para lo que viene. Y si este año me enseñó algo, es que cuando uno confía, el alma encuentra descanso incluso en medio de la espera.

A veces pienso que la vida no se trata de tener todo bajo control, sino de aprender a abrazar cada etapa con la gratitud de quien entiende que todo tiene un propósito. Que incluso lo que dolió, formó. Que cada meta cumplida, por pequeña que parezca, es una semilla que alguna vez se soñó.

Hoy solo quiero agradecer. Por lo vivido, lo aprendido y lo que aún está en camino. Porque si algo he descubierto, es que Dios tiene un tiempo perfecto… y cuando llega, se siente en el alma. ✨


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